viernes, 31 de marzo de 2017

Poder Absoluto

Guiño un ojo y con el brazo estirado, abro la mano y agarro un coche con los dedos, es un sencillo juego óptico, pero a mí me da resultado, puedo poner el auto en lo alto de una cornisa, o lanzarlo al sol, por poner un ejemplo. Puedo mover edificios, borrar lo que quiera, y crear lo que se me antoje. Tengo el poder de la creación y la destrucción, un poder absoluto, sin límites, propulsado por la imaginación. Para mí, cualquier cosa es posible: pausar el tiempo, rebobinarlo, estirarlo, avanzarlo y doblarlo.

Tengo un plan, cambiar el mundo. Yo puedo hacerlo, para mí es fácil.





martes, 7 de marzo de 2017

Secretos "3ª Parte" - La Jota Negra -

*Relato escrito a dúo con María Campra: "Encantadora de Cuentos"


3ª Parte "La Jota Negra"

Se estaba secando el rostro con una toalla, acababa de salir de su última ducha, y pronto dejaría ir su último aliento. Carlos Zafiro se encontró conmigo a sus espaldas, me vio reflejada en el espejo de su baño. Se dio la vuelta y movió sus labios. No le dio tiempo a emitir ni una sola palabra, no pudo suplicar por su vida. El agujero humeante en su cráneo lo certificaba. Cayó cómo caen todos, cómo un castillo de naipes, a plomo.

El objetivo había sido fácilmente localizado, y aún más fácil si cabe; eliminado. Esa misma noche abandonaríamos nuestras nuevas máscaras, y nuestro falso hogar.

Él me esperaba en el auto. Acordamos que solo uno de nosotros bastaba para acabar con Zafiro. Nos lo jugamos a una mano de la "jota negra". Gané. Me gusta mi trabajo.

Al llegar a aquella casa todo se tornó irreal, no me acostumbro a esta parte, aún menos cuando una se ha enamorado de verdad. El servicio de limpieza de la agencia tardó dos días en vaciar el que fue nuestro hogar durante aquel año. Solo había que esperar a nuestros taxis, y no volver a vernos jamás. Pero ambos sabíamos que eso no iba a pasar.

* * *

- Mi verdadero nombre es Luca. 

- ¿Perdón?

- Mi nombre...

- Si, ya te oí. No debiste decírmelo. 

* * *

Aún recuerdo la primera vez que rompimos las cadenas del deseo prohibido. Estirados sobre la cama, repasábamos nuestros papeles a interpretar. Fechas, anécdotas... estupideces. Teníamos invitados aquella noche, una pareja de vecinos, los Falio, o Fadalio, no lo recuerdo. Menudos ingenuos enamorados, pero fue divertido. 

Me rozó un pie con las puntas de los dedos de su mano, y caminó sobre mi muslo con dos de ellos. Silbando una melodía de Jazz. Él sabía que la atracción me delataba, me habló del brillo de mis ojos, y de mi sonrisa. Me sedujo con sus palabras, su sentido del humor. Un par de caricias fueron suficientes para hacer volar las sábanas. Y caímos en la tentación. 

Aquella fue la primera vez que hicimos el amor, la primera de muchas otras.

Pero no debiste revelarme tu verdadero nombre. Todos los que supieron el mío están muertos.

* * *

Querida compañera, los secretos son mentiras disfrazadas de ausencia, y tarde o temprano salen a la luz, mostrando su verdadero rostro. Una vez te encuentras la verdad, cara a cara, ya no habrá máscara que la pueda ocultar.

Recuerdo nuestra primera vez, y las siguientes. Mis palabras te cautivaron, mi sonrisa, mis caricias, caíste en mi red. Aún desconoces quien nos unió en nuestra misión, la verdadera identidad de Zafiro.

Disfruté viendo cómo le metías una bala en la cabeza al último hombre que conocía la verdad que algún día averiguarás. Incorporé una micro cámara en el arma con la que le volaste los sesos, en el auto pude ver con claridad que mi objetivo era eliminado por la persona adecuada. Vi cómo intentó decirte algo antes de que acabaras con su vida, no iba a suplicarte, si es eso lo que pensaste, iba a revelarte el secreto final. De haber sido así, tendría que haberte matado en aquel mismo instante.

¿Crees que no volveremos a saber el uno del otro? ¿Crees qué no queda nadie que sepa tu verdadero nombre?

Jamás he perdido una mano jugando a la "jota negra", Alicia. 





Continuará...

Para leer el siguiente capítulo de "Secretos", por María Campra, pincha aquí.


lunes, 20 de febrero de 2017

Secretos "2ª Parte"

 *Relato escrito a dúo con María Campra "Encantadora de Cuentos"
Para leer la primera parte del relato, pincha aquí.

2ª Parte

Esta noche el cielo está llorando, y sus lágrimas, derramadas sobre mi cabeza, despejan cualquier tipo de duda. No puedo creer que su sorpresa fuera real, sigo siendo una gran actriz, una profesional de la identidad. Puedo cambiar de máscara para cualquier tipo de función, pero estaba allí por una razón, y su reacción; o bien fue la mejor interpretación que mis ojos habían visto, o también trató de ocultar su tentativa.

La duda se abre paso como el agua sobre mi cuerpo. Le amo.

Mañana será el día de las respuestas, sé que no faltará a nuestra cita. En seis años pueden haber pasado infinidad de cosas, en mi caso así ha sido, y aunque él haya podido creer que tan solo ha visto una de mis innumerables caracterizaciones, pronto averiguará que al fin ha descubierto mi verdadera identidad.

Fueron muchos secretos, unos compartidos para el resto del mundo, y los más importantes; los que creamos entre nosotros. Creció un gran conflicto en nuestro hogar, el trabajo que nos unió fue un éxito, pero la ficción se tornó realidad, y sin mencionarlo ni una sola vez, ambos sabíamos que nuestro amor fingido dejó de serlo entre aquellas cuatro paredes.

Prisioneros de nuestros sentimientos reprimidos, llevamos a cabo todas nuestras funciones. Durante mucho tiempo fuimos considerados un matrimonio ejemplar. Nuestros vecinos acabaron siendo nuestros mejores amigos. Tantas veladas con las máscaras puestas, compartiendo falsas anécdotas y riendo sobre divertidos recuerdos que jamás tuvieron lugar. Interpretamos nuestros papeles a la perfección, y nuestro objetivo fue localizado y eliminado sin ninguna dificultad.

Recuerdo aquel desgarrador disparo con total claridad, y al igual que entonces, tras el sutil sonido, y el humeante silenciador, pude sentir que la bala atravesó algo más que el cráneo de aquel hombre detestable, también hizo pedazos mi corazón. Una vez cumplimos nuestras órdenes, debíamos abandonar todo contacto.

Sin mediar palabra, cada uno se subió en su taxi, y sin un adiós, marchamos sin mirar atrás. Supongo que ambos pensamos que el tiempo disiparía cualquier tipo de sentimiento que hubiera nacido en aquel lugar. Nada más lejos de la realidad.

Mi último trabajo ha sido gratamente compensado, sólo de este modo uno logra dejar de ser lo que he sido hasta ahora. Cuando realizas un encargo de tal magnitud, recibes dos cosas, tanto dinero que no podrías gastar en dos vidas, y la jubilación anticipada.

Me muero de ganas de decirte todo aquello que no te dije entonces, que mi amor por ti se tornó real. Conocerás mi verdadero yo. Ahora puedo vivir con quién quiera y dónde quiera. Pero antes debo atar algunos cabos sueltos. Ya no se trata de un trabajo, será la primera vez que mi objetivo provenga de una decisión propia. Una última bala, y al fin seré realmente libre.

Jamás debes enamorarte de un compañero de oficio, eso lo sabe todo buen espía, cualquier asesino a sueldo.

Quedó pendiente una verdadera despedida. El adiós que no nos dijimos.

Llueve sobre mi cabeza, y se despejan todas las dudas. No soporto el agua fría, a mí me gusta hirviendo.



¿Continuará?

viernes, 10 de febrero de 2017

Existencial

Observa los ojos de aquel anciano, son bonitos, ¿verdad?. Puedo descubrir la belleza que se ve reflejada en ellos. Dicen que la belleza está en los ojos de quien la observa, de quien puede apreciarla. Son de un color verde y marrón miel, parecidos a los tuyos. Tus ojos son como dos ventanas abiertas que puedo atravesar sin ninguna dificultad. Mi ser puede pasar a través de tus pupilas, cuando se dilatan me invitan a entrar en tu interior.

Me fusiono con lo que eres, y siento lo que tu sientes, profundamente. Experimento una conexión completa.

No recuerdo mi nombre. No sé cuanto tiempo hace que no salgo de este lugar. No sé por que sigo vivo, si es que lo estoy. Ni me alimento ni me aseo. No hago nada, no soy nadie. Tan solo me descubro paseando por los mismos rincones, una y otra vez. Todo está mugriento, trastos viejos, rotos y sucios, por todas partes. Me cuesta caminar entre tanta basura. Me hundo en ella a cada paso que doy. Ya casi ni puedo avanzar.

¿Quién es ese anciano de ojos tan parecidos a los tuyos? ¿Quién eres tú?
No logro rendirme. Mi mente, la cual no sé a quién pertenece, tan solo me dice una cosa; no puedes rendirte. Debes continuar. Se afana por encontrar una luz al final de este mugriento lugar en el que me encuentro.

Abro una puerta y, con dificultad, me abro paso. Mis pies están atrapados por un mar negro, denso y oscuro. El olor es horrible. A duras penas puedo levantar las piernas para caminar entre el fango. Me sumerjo en este baño de lodo. Ahora tampoco puedo respirar, mis pulmones se encharcan de suciedad. Pero no muero, o a caso, ¿ya estoy muerto? No lo sé.

Hay una mujer que me observa desde la lejanía. Esos ojos, me invitan a regresar. Pero no sé quien eres. Estás demasiado lejos para saber que me quieres decir. Veo que mueves los labios, intentas decirme algo, pero tengo los oídos llenos de mugre.

Es asfixiante, pestilente, y todo lo engulle. La mugre está en cada átomo de mi cuerpo, en cada molécula del espacio en el que me hallo. Y tú, reluciente y cristalina, al otro lado del muro de cristal, me sonríes, y yo no comprendo nada.

Daría todo lo que poseo por un recuerdo, por una pista de quién soy, de dónde estoy, de quién eres tú. Pero no poseo nada, más que mi pensamiento confuso.

Mis córneas se cubren de la oscuridad aquí reinante. Ahora tampoco puedo ver. Se han apagado todos mis sentidos. Y dejo de pensar, para empezar a soñar.

No sé cuantas horas he dormido. Sé que he dormido porque acabo de despertar. Sé qué he soñado, pero no sé el qué. Tengo un recuerdo hecho de sensaciones de agitación, el sudor y los nervios a flor de piel. He tenido pesadillas, pero lo que encuentro al despertar creo que es peor, peor que nada. Suciedad.

El día es un paseo por este lugar de paredes negras, arrastrando y hundiendo mis pies. Hasta que no puedo respirar. Hasta que no puedo ver, ni pensar. Hasta que me duermo de nuevo, y vuelvo a despertar. Un día tras otro, no sé cuantos llevo ya. ¿Meses, años? ¿Una vida tras otra? ¿Despierto y duermo? ¿Vivo y muero?

De repente, alguien posa su mano en mi hombro. Eres tú, la mujer de ojos verdes y marrón miel, cómo los de ese anciano. ¡Lo recuerdo!

Puedo oírte hablar.

- Tranquilo, papá.

Rompo a llorar, y las lágrimas limpian nuestro hogar. La mugre desaparece por un instante.

Me acompañas al baño y me plantas frente al espejo.

¿Quién es ese anciano?

Sus ojos son bonitos, ¿verdad?






Fin



sábado, 21 de enero de 2017

El Efecto Murasaki

El tiempo pasaba perdido para Salvador, o al menos así lo percibía él en su profunda tristeza y severo nihilismo. Él tan solo tuvo un sueño, una sola vez. Se sintió completo y realizado cuando, en su tierna infancia, salvó a una compañera de escuela de caer de bruces contra el asfalto, que por aquel entonces cubría las pistas de los parques. Sintió en aquel instante, en el que agarró a la pequeña por la bata, que su nombre cobraba verdadero sentido. Una razón para ser feliz. Su sueño fue ser un héroe, pero no lo consiguió en sus insistentes intentos.

Con el jersey anudado al cuello creando una capa, y las manos aferradas a sus costados en forma de jarra, se alzaba sobre pequeñas alturas, a merced del viento, ondeando orgulloso su espíritu salvador.

Aunque las alturas fueran ínfimas, la caída nunca era proporcional. Las burlas y los golpes de los más gamberros, le hacían bajar de su nube de ensueño a las profundidades de la depresión infantil.

A los catorce años, Salvador dejó la escuela. Su madre murió de un terrible cáncer de hígado. Su padre trabajaba de sol a sol, y nadie se preocupaba por su bienestar. Empezó a trabajar de canguro, pero no se le daban bien los críos, y tuvo más de un rifirrafe con los padres de los niños que debía cuidar. A los dieciséis acabó en la cocina de una pizzería de franquicia. Allí incrementó su sensación de no ser nadie. La existencia era un gran peso colgado de su frágil cuello. Con veintitrés ya caminaba curvado como un abuelo con escoliosis.

Conoció a una mujer a los treinta. Ya había tenido breves y amargos noviazgos. Pero Sara fue su verdadero amor, y jamás pasaron de ser más que amigos. Esa amistad le devolvió la esperanza en la vida.

Pero fue por aquel entonces que comenzaron las pesadillas con Murasaki, el hombre púrpura.

Sirenas negras le silbaban al oído su nombre; Murasaki, Murasaki, Murasa...

Despertaba empapado en sudor tras la aparición de una violeta figura de ojos brillantes. Salvador pasó de ser un hombre deprimido, a ser un hombre aterrorizado.

Sara trató de ayudarle, pero fue en vano. Su amistad terminó por quebrarse, debido al distanciamiento que él creó entre ambos con su dejadez y apatía.

Salvador encontró su nueva vía de escape en las drogas. Empezó fumando hachís, y acabó enganchado a la ketamina. Sus oscuros sueños con Murasaki no cesaban, pero estos parecían diluirse entre las sustancias que  enturbiaban su mente.

* * *

- ¡Mira a ese señor, mamá!

Salvador, jorobado y canoso, lucía una capa de color malva, ondeada por el viento. Con sus brazos cómo asas de una tetera. El mentón apuntando al cielo, y una sola idea; salvar a alguien, a sí mismo.

Por azar, destino, o los pasos que le llevan a uno a un lugar en un momento concreto. Salvador agarró por la espalda a un hombre que cruzó la calle sin mirar, evitando que a éste lo arrollara un auto.

Aquel hombre, agradecido, abrazó a Salvador.

- ¡Me ha salvado usted la vida!

Jonás se fijó en las estrafalarias pintas de su héroe. No salió de su asombro, y marchó a su trabajo sin mirar atrás.

* * *

Salvador, frente al televisor, horrorizado, veía y escuchaba la triste noticia del autocar accidentado. Los veintiséis niños fallecidos por el error humano del conductor que los llevó al precipicio del fin de sus breves vidas. Apareció el retrato del conductor, y Salvador se derrumbó por completo. Tocó fondo en su mísera vida en el mismo momento en el que había sentido de nuevo que su nombre albergaba un significado, más allá de su superficial existencia.

Salvador pensó en Sara y la llamó para explicarle lo sucedido. Pero ella ya hacía tiempo que había cambiado de número.

* * *

A los setenta y tres años, postrado en la cama de un hospital, el cáncer de hígado consumía sus últimos alientos.

Cayó en sus manos un ensayo. Leyó sobre el río púrpura, y la intoxicación por un metal líquido que acabó con la vida de cuarenta y cinco personas en Japón, en 1912.

El vertido de mercurio en un río por un hombre que, anteriormente, fue salvado de las garras de la muerte por un tal Murasaki.

* * *

Antes de morir, Sara encontró a Salvador, y a los pies de su cama, sentada frente a él le sonrió.

- Siempre fuiste un buen amigo. Me escuchabas y me hacías sentir bien. Creo que me enamoré de ti, pero fue tan fugaz... Te fuiste sin más, por un ridículo sueño y un tormento irreal.

- Sara...





Fin