C.M.R

- Sería la primera vez que realizamos una intervención de estas características.

- Me parece perfecto, alguna vez debía ser la primera.

- Tememos por su integridad.

- No teman nada. Firmaré y pagaré por adelantado.

- En cualquier caso, nadie debe saber que "C.M.R" ha incumplido con su protocolo de seguridad ciudadana.

- Y así será, Dr. Huxley, así será.

* * *

Tras ver el anuncio de esta revolucionaria empresa pedí una cita para recibir más información. Llevaban operando cerca de dos años sin difundir marketing alguno, a expensas de los resultados, de testar sus logros o fracasos. Subvencionados por el estado, "C.M.R" abría sus puertas al libre mercado.

Se vanagloriaban de haber potenciado la felicidad a través de minuciosas cirugías mentales, elevando la intensidad de emociones positivas, aminorando las negativas.

Mi hijo pequeño me preguntó sobre el tema, tras leer un tríptico publicitario de la empresa.

¿Has visto la película "Del Revés" de Pixar? - Le pregunté retóricamente.- Pues esta empresa puede detectar a "Alegría" en tu mente y darle de comer, hacer que crezca y sea más fuerte. De igual modo, pueden hacer lo contrario con "Tristeza", "Ira" o "Asco".

En aquella película ya intentaron dejar claro el mensaje; todas las emociones son necesarias, la alegría sin la tristeza no puede equilibrar los sentimientos de una mente sana, la ira en su justa medida nos hace avanzar, y el miedo y el asco son alarmas vitales para nuestra supervivencia.

Mi hijo entendió a que se dedicaban en "C.M.R", no era un niño tonto, para nada. Pero yo no comprendí el poder y la razón del mensaje de aquella película. Siempre quise alcanzar la perfección espiritual, y creía fervientemente que la mente era esa parte etérea del cerebro, parte en sí misma del alma. Mi creencia más absoluta era que el odio era el obstáculo de hallar la paz total, la unión del ser con el cosmos, el llamado "nirvana".

* * *

- Quiero que erradiquen el odio de mi mente.

Firmé, pagué y así lo hicieron.

* * *

- ¿No vas a abrazar a tu hijo?

- ¿Por qué debería hacer tal cosa? Es innecesario.

Mi pequeño se puso a llorar, y yo no sentí nada, ni pena ni gloria. No me odié por ello, estaba tranquilo, demasiado quizás...

- ¿Ya no me quieres, papá?

- Eres mi hijo, yo siempre te... estaré a tu lado.



Fin

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