domingo, 16 de agosto de 2015

La Cara Oculta de la Luna

La iluminación del astro rey sobre el frente lunar deslumbró la sinuosa curvatura del platillo volante. Un destello en el panel de visión central cegó por un instante al piloto.

Orbitaba el satélite con plácido compás, al son del intermitente hilo musical de la nave exploradora.

Kruse perdió el control de los mandos y su vehículo espacial impactó en un cráter de la cara oculta de la luna.

Quedó gravemente afectada la madre virtual y se activó en el acto la cuenta atrás, la autodestrucción se llevaría a cabo en once minutos terrestres, una larga espera para cualquier Gulteriano.

El miedo era algo inexistente para ellos. Magredin observó a Kruse con ojitos de amor inconfesado, a pesar de no haber tratado jamás el tema, Kruse sentía lo propio por ella.

Ante el irremediable nulo futuro, ambos no abrieron sus protuberantes bocas para balbucear su complejo idioma, sus labios carnosos de verdosos tintes se acercaron y se fundieron en un eterno beso. Tan solo les faltaba morir enredados en sus violáceas pieles.

Diez minutos.

Los tentáculos, terminaciones de sus innumerables extremidades, se acoplaron los unos con los otros, hasta crear un solo ser.

El sudor, emanación de condensada fluorescencia, impregnaba el asiento del copiloto, donde se consumaba un deseo irrefrenable.

Mientras Magredin succionaba el gigantesco miembro viril de Kruse, este lamía, con su interminable y jugosa lengua, el monte de Venus de su amante.

Cuatro minutos.

La penetración se asemejó a la entrada de un cohete en un agujero negro. La palpitante vagina de Magredin engulló a Kruse casi por completo, a penas se tenía visión de su ser, en aquel espectáculo de puro frenesí alienígena.

El incesante bombeo meneaba con brusquedad los diez pechos de la hembra. El macho, extasiado, vertió todo su esperma en el interior de su hermosa compañera, en el mismo instante en el que la pepita cavernosa de ella, explosionó al son de un orgásmico alarido, digno de un nuevo Big Bang.

Finalizó la cuenta atrás de la autodestrucción. No ocurrió nada.

El hilo musical se detuvo. Un mensaje de rescate apareció en el panel de control.

Magredin miró a Kruse con esos ojitos y en su lengua gulteriana, le susurró:

- Nadie debe saber nada de esto, hermano... Jamás.

Los cuerpos desnudos, del séptimo color del espectro solar, restaron abrazados a la espera de la liberación.

Se les antojaba agradable el paso del tiempo en la cara oculta de la luna y bien cierto el popular dicho de la galaxia de la que provenían... "A espaldas del mundo no existen las normas".

Magredin miró de nuevo a Kruse.

- ¿Repetimos?



Fin

viernes, 14 de agosto de 2015

La Isla y Yo "Capítulo XXXI" (Futuro)

Mis córneas hierven, mis pupilas son como dos pequeñas brasas incandescentes, el sudor me resbala espeso por la frente, mi cuerpo emana hedor a putrefacción. En la borrosidad de mi vista y el oscuro pensamiento que inflama mi cerebro, siento que me va estallar el cráneo, puedo ver, a duras penas, como un pequeño insecto devora un extraño mejunje untado en mi tobillo, huelo a muerte.

Creo que es una hormiga, cabezona y roja, con unos pequeños y afilados colmillos. Está disfrutando de su repugnante banquete. De vez en cuando se detiene, no deja de masticar y me mira directamente a mis perturbados y doloridos ojos.

Mis ideas, nubladas por la oscuridad del sufrimiento, giran incesantes como un remolino de preguntas qué, la verdad, no sé si tendrán respuesta.

¿Este es el reino de Lop que esperaba? ¿Ha valido la pena cruzar el umbral de la soledad? ¿Es Doce una ilusión o un compañero que ha resultado ser una mujer y si es así, son reales mis sentimientos hacia ella? ¿Conservo a "Abrelatas", el botiquín, el espejo donde observar mi decadencia? 

He encontrado al resto de la tripulación, pero ahora son zombies con hambre de nuestra mísera carne. He hallado a otros, traficantes de "lijunia", una hierba alucinógena qué, he llegado a pensar, me ha sumido en un desvarío monumental del que no sé como escapar.

Necesito lucidez, necesito volver a ser yo, la isla y yo.

Me pongo en pie, la hormiga rojiza ha terminado su festín y milagrosamente me encuentro mejor.

A mi lado está Tahohae, me observa sonriente. Sí, en efecto, ella, Doce, es mi compañera, no es una ilusión. En mi cinturón, una cuerda hecha con lianas, reposa "Abrelatas". Recuerdo que entre las pertenencias de Doce se encuentran las mías.

Todo es cierto, por increíble que parezca, tras nuestros pasos hay una horda de zombies, mis antiguos compañeros de viaje del crucero. Los traficantes de "lijunia" podrían regresar en cualquier momento.

Todo son peligros tras nuestros talones.

Me agarro a Tahahoe, cojeo, pero no siento dolor. Mis ojos se desempañan, al igual que mi mente.

Encontramos un pequeño lago, bañamos nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras almas. Nos purificamos de todo lo ocurrido recientemente. El agua se lleva nuestro hedor, nuestra pesadumbre, nuestra oscuridad.

Debemos regresar a nuestra pequeña isla o hacía otra, debemos construir una nueva "Eva" y huir de aquí. Quizás, si volvemos a estar a solas, vivamos en paz.

Quiero descansar, recuperar fuerzas y hacer el amor con Doce hasta que el mundo deje de ser mundo. No quiero un reino, no deseo hallar a nadie más, tan solo quiero amar y ser amado y dejar atrás el peligro que aquí nos acecha.

Parece ser que ella no desea esperar a estar en otro lugar, como si hubiera leído mis pensamientos inscritos en mi mirada, Tahahoe me estira encima de un colchón de flores y me agarra la mano, me sostiene un dedo y lo pasea por cada una de sus cicatrices. Recorro el mapa del paraíso sobre su cuerpo, mi ser penetra el suyo y, por un instante, siento que vivir es algo bueno, que ha valido la pena cualquier cosa para llegar hasta este momento, un instante de placer en el que el resto del mundo parece haber desaparecido.

Eyaculo un torrente de semillas vivarachas en el interior de mi amada, ella aúlla a la luna.

Descansamos abrazados, desnudos, vulnerables pero felices. Nos miramos el uno al otro, lo sabemos, lo percibimos. A partir de ahora portamos algo por lo qué, más que nunca, merecerá la pena continuar, sobrevivir y hallar un lugar mejor. Un lugar donde nuestro fruto pueda nacer, crecer y ser feliz.

El viento ruge, las estrellas iluminan el manto negro que pende sobre nuestras cabezas, el calor de nuestros cuerpos se funde sobre la tierra. Reposo mi cabeza sobre el vientre de mi amor, siento el palpitar latente de una nueva vida, la susurrante voz de nuestro futuro.

Nos dormimos.

Mañana será otro día.



miércoles, 5 de agosto de 2015

Prohibido ser Imbécil

Charlie Kravitz le estiró de los pelillos de la pantorrilla a su amigo, Kevin Sullivan, este reaccionó brincando del sofá con un estridente grito "i've got the power"digno del estallido del museo Bohemia.

Kevin se alzó ante Charlie, a cierta distancia, parodió con dudosa maestría la grulla de Karate Kid, dio tres zancadas y saltó, elaborando en el aire, la mortal postura de la patada del dragón.

Se partió la crisma contra el techo. Descendía la altura en un escalón inverso. Con el canto se hizo tal brecha que se le empapó el rostro cual Carrie embadurnada en sangre porcina.

Kravitz se revolcó por el suelo, descojonándose de su amigo.

- ¡No te rías, joder! - Sullivan se destapó la cara y su colega se percató del baño de flujo bermellón y del tajo craneal del que provenía tal cascada sangrienta.

- ¡Ostias! ¡Al hospital!

Siete puntos más tarde...

Charlie Kravitz y Kevin Sullivan practicaban un nuevo tema de Extremoduro.

Dos guitarras, un canuto. "Pepe Botika" on fire.

Fin