miércoles, 29 de abril de 2015

Cómplice

Una habitación iluminada por una potente luz fluorescente, el frío es insoportable, la sangre se espesa en los cuerpos helados y retorcidos por el pánico.

Unos ojos expectantes y otros supurando maldad en su máxima expresión, las pupilas dilatadas como crisantemos.

Tres hombres y tres mujeres, en ropa interior, arrodillados y maniatados...

***

- ¿Que te parece, me los cargo? ¿Me los cargo a todos?

- ...

- ¡Se les van a quedar las bragas y los calzones como el pañal de un recién nacido!

- ...

- ¿El primero? ¿El chico alto de pelo castaño? Atiende al sudor, huele a gangrena, es el terror, el miedo despierta a las bestias, ellos se lo han buscado, cada una de esas gotas que caen de sus nucas y encharcan sus curvadas espaldas, son una clara demanda de muerte.

- ...

- Creo que sería un gran favor por nuestra parte acabar con sus vidas de una manera rápida, la muerte por congelación es muy dolorosa, agonizante hasta el último vaporoso aliento. Están empezando a coagularse, sus nervios ya deben estar gravemente afectados, su piel se está tornando de un fascinante color púrpura, aún así siguen sudando como gorrinos, cuando sus pieles se ennegrezcan será demasiado tarde. ¿Lo hacemos ya? ¿La pequeña de cabello rubio?

- ...

- Observa las ampollas de esta pelirroja, sus manos parecen tener diez dedos, ¿Que te parece? No nos oyen, no nos ven, no saben que estamos aquí... ¿Me los cargo? ¿Dime, lo hago? Te oigo pensar, ¡Habla de una maldita vez! ¿Que deseas que haga, dímelo y así lo haré?...

- ...

- ¿Tengo que suplicarte? ¡No puedo soportarlo más! ¿Por qué sigues ahí? Contemplando, ¿A caso disfrutas con esto?

- ...

- ¿Que escribo? Están sufriendo, deja de leer o pídeme que los mate, aquí y ahora, ¡Asume tu responsabilidad! Decide el final de estos inocentes.

- ...



¿Fin?
- ...

lunes, 27 de abril de 2015

El Asesino de Escritores

Aquella tarde, en la firma de libros de la aclamada escritora Paz Curiel, el dardo de una cerbatana inyectó el suficiente veneno en su nuca para que cayera irremediablemente muerta sobre uno de sus libros en promoción.

Su asesino no fue descubierto.

Entre la gente que se hallaba en aquella librería, tras el trágico acontecimiento, desapareció una silueta embutida en un traje azul, portando en su mano un maletín bermellón.

El despertador sonó, como cada mañana, a las 6:00 en punto.

Con el dedo índice de la mano derecha presionó el botón que desactivaba la aguda alarma, luego retiró el pedazo de film en el que había quedado marcada su huella dactilar y la guardó con precisa meticulosidad en su cajita negra, donde se encontraban el resto de indicios matinales, un cúmulo de cuadrados plastificados con su inimitable seña de identidad.

Para Jonás esa colección representaba una más de sus debilidades artísticas que perdurarían el tiempo de vida que le fuera concedido, en su especial interpretación del mundo, una estancia en la tierra que se le había otorgado como propia e intransferible.

Frente al espejo, enérgicamente enfundado en el repetitivo traje de azul zafiro, recitó su  mantra sagrado, después de retirar sus legañas con un pañuelo previamente esterilizado e introducirlo en la caja gris calavera del tocador.

- Soy el Universo, me pertenecen tus palabras, tus sentidos, tu oxígeno. Soy la mano que juzga, la sagrada decisión, tu futuro, no existe el destino, yo soy la voz del camino y mis pasos son la razón.

Cerró la puerta con suma delicadeza y marchó al trabajo con su maletín de piel, funda de cuero rojizo en el que lucía una plateada placa con las siglas de su nombre bellamente grabadas.

Cordial, conciso y de pocas palabras, atendía a los inversores de su empresa de tecnología, resolvía casos de falta de producción, debidos a ciertos problemas de software en los programas de stock que manejaban sus adinerados clientes.

Sus jefes agradecían su gran labor, un ingreso mensual, considerablemente elevado, era lo único que él agradecía de ellos.

Un adiós seco, frío y apático a sus compañeros, acompañado de una sonrisa forzada, la muestra de una hilera de dientes clonados y dolorosamente brillantes, dedicatoria diaria de las 14:30, antes de regresar a su hogar.

Jonás tenía un secreto, una confesión que crecía en su interior, aplastando sus entrañas.

Las teclas de la máquina de escribir de su vecino retumbaban en su sien como mil coces de mil caballos de hierro, trinchando sus neuronas, alborotando su paz, una desbaratada sucesión de rituales que lo mantenían cuerdo dentro de una infernal locura, perturbado por el sonido de la maldita escritura, decidido a actuar lo antes posible.

Gustavo restaba inerte, su cabeza posada sobre sus escritos bañados en sangre, una pluma dorada hundida en su nuca, sus ojos fijos en el vacío de su despacho.

El hombre de traje zafiro, asesino de los amantes de la palabra escrita, borrador de la ficción, odiaba todo aquello que no fuera puramente real, la imaginación era algo para él sencillamente inexistente, el arte, un puñal en el corazón de este mundo, una enfermedad que él, como auto considerado voz de la razón y futuro de la humanidad, debía erradicar con sabia y precisa decisión.

Pero, Jonás tenía un secreto, una confesión que le retorcía el alma.

Él también escribía, poseía un infantil sueño escondido en una de sus cajas, donde guardaba los indicios de su existencia, quería brillar y que sus escritos despertaran un amor añorado.


Fin


sábado, 25 de abril de 2015

Pantiamela

Pantiamela se sentó frente a la estufa de leña, el candor de las brasas y el del interior de ella abarcaban la sala sur del caserón, bellas siluetas en la pared, gruyas, camaleones y elefantes, sombras chinescas elaboradas con sus delicadas manos, un ballet orquestado con delicia, el fuego resplandeciente entre la rejilla de hierro, el esplendor en el rostro de Pantiamela.

- ¿Ves el elefante? ¿La trompa y los colmillos?

- No, no los veo.

- Ahí - Gisela señaló con el dedo hacía la pared del fondo del comedor -. ¿No lo ves?

Santiago negó agitando la cabeza y alzó los hombros con resignación en su mirada.

- Mira la silla vacía frente a la estufa, observa la luz del fuego, proyecta un perfil, ¿Ves eso? Parece una nariz, unos labios ... ¿No lo ves Santi?

- ¡Noooo! ¡No veo nada Gisela!

- Es un fantasma Santi, el fantasma de una niña.

Pantiamela curvó sus manos, puso la izquierda por encima de la derecha, juntó el dedo gordo de una
con el índice de la otra, formando una ese.

- Mira Santi, ahora ha hecho una serpiente... O, ¿Es una ese?

Pantiamela separó las manos sin dejar de curvarlas, las junto de nuevo, creando esta vez una gran "O".

- Un círculo, ¿Lo ves Santi? ¿Un círculo o una "O"? ¿Lo ves?

- No veo nada.

Pantiamela siguió reflejando letras sobre la pared, Gisela las leía entusiasmada.

- Una "Y"... "E"... "L"... "F"..."A"..."N"..."T"..."A"..."S"..."M"..."A"... "D"..."E"..."U"..."N"..."F"..."A"..."N"..."T"..."A"..."S"..."M"..."A"...

- ¡Soy el fantasma de un fantasma!

- ¡Estás loca!

Pantiamela sonrió.

María gritó desde la sala norte del caserón.

- ¡Santiago ven a la cocina!

- ¡Estoy en el comedor con Gisela!

La madre se giró hacia el padre del chico que estaba sentado tras ella, garabateando con la punta de un cuchillo sobre la mesa.

- ¿No vas a decir nada Agustín?

- ¿Por?

- Tu hijo sigue viendo a Gisela.

- Y tu María ¿Qué?

- Yo, ¿Qué de qué?

- Tu hablas conmigo mientras Santi juega con su hermana.

María se dio la vuelta, Santiago estaba allí, frente a ella, en pie, llorando.

- Mamá...

Fin


miércoles, 22 de abril de 2015

El Regreso de Capitán "V"

Una caricia con los cinco dedos de la mano, cinco burbujeantes cosquillas en la fina piel de su rostro, una lágrima viva deslizándose por su rosada mejilla, un rayo de luz entre las cortinas, una inconmensurable paz en el hogar.

El muchacho corrió hacia su habitación, dejó la puerta abierta como de costumbre y se detuvo frente a la gran ventana, el Universo entraba invitado por la mente del chico, envolviéndolo, sentía el cosmos fundirse con sus sueños, una desbordante imaginación acunada por las estrellas, orbitando las estratosferas, surcando entre planetas, se sentía parte del mundo, era un ser feliz sonriéndole a la vida, totalmente agradecido por su existencia.

El hombre de emocionada lágrima se paró ante el espejo, recordaba aquel día en el que tuvo que huir de una horrible realidad, rememoraba su primer viaje astral, su cuerpo yacía sobre una diana de arquero, su nariz sangraba abundante, su  falsamente llamado padre murió aquel liberador día.

Víctor entró en la habitación de su hijo.

- Te quiero Kalel.

- Y yo a ti, padre.

Ambos se agarraron las manos, sus palmas unidas crearon un haz de energía azul que cubrió sus cuerpos por completo, irradiaron una fantástica luz que, poco a poco, se desplazó desde sus pies hasta la coronilla de sus cabezas.

Sus cuerpos quedaron inmóviles sobre la gran alfombra, sus almas despegaron hacia el exterior.

Viajaron por recónditos lugares del espacio, navegaron entre las galaxias, mas allá de nuestro sistema solar, un viaje mágico del que podían regresar en cualquier instante, de nuevo a sus vehículos carnales, para continuar una vida de profundo amor, aquí y ahora, en la Tierra.


Fin

viernes, 17 de abril de 2015

Capitán "V"

Sonó un "Splash" metálico, cinco marcas rojas de cinco dedos de delgadas falanges quedaron grabadas al instante en su rostro, empapado por las lágrimas, los mocos subían y bajaban resoplados y absorbidos por el crío, agazapado, recogido entre sus diminutos brazos, sollozando impotente ante su flacucho y despiadado padre, un tortazo con las huesudas manos abiertas, algo que ya era común ante cualquier desobediencia, el pequeño, como cualquier otro, no podía evitar la negación y aquel mal nacido que tenía por tutor, no la toleraba, "la disciplina se aprende con sangre" era el recurrente aforismo que expresaba, tras adjudicar y propinar la tremenda injusticia que tan a menudo descargaba sobre el frágil cuerpo de su hijo.

Víctor corrió hacia su habitación y con la silla de su escritorio trabó la puerta.

Su padre comenzó a golpear con sus protuberantes nudillos, el chico podía sentir los porrazos sobre la madera como verdaderos impactos en su afligida alma.

- ¡Abre pequeño cabrón! ¡Aún no hemos acabado tu y yo! - Gritaba ese ser, falsamente llamado padre, con rabiosa alevosía -.

Víctor se detuvo en el mismo centro de la alfombra que cubría el suelo de su cuarto, el dibujo de una diana de arquero, en el punto rojo sus pies posados, sintiendo la atracción gravitatoria de su espacio interno, el peso de la atracción magnética del núcleo terrestre que permanecía a millones de kilómetros bajo sus zapatillas deportivas decoradas con icónicas alas desplegadas.

- ¡Abre ahora mismo o echo la puerta al suelo! ¡Cuento hasta diez pequeña mierda! ¡ Uno... Dos... Tres...!

Víctor observó sus pósters de naves espaciales que colgaban de las paredes de su pequeño museo galáctico, admiró el Halcón Milenario, el Super Destructor Imperial, la Legacy, la Nostromo y por último, los ojos del muchacho se clavaron sobre la imagen de la Libertad y la Independencia de Armageddon.

- ¡ Seis... Siete... !

Sus párpados se cerraron como las compuertas del Apolo XIII y contó al unísono, pero a la inversa, del cruel hombre que se precipitaba con sus rudas botas hacía el portal de la lanzadera sideral, estelar refugio del Capitán "V".

- ¡ Ocho... Nueve y... Diez ! - Concluyó el innombrable -.

- ¡ Tres... Dos... Uno! - Finalizó Víctor -.

Una tremenda patada quebró las patas de la silla, una gran brecha resquebrajó la puerta, lo suficiente para que el lobo la abriera con un último soplido.

Víctor yacía en el suelo, con los brazos pegados a ambos costados de su frágil y golpeado cuerpo, con los ojos enormemente abiertos, desorbitados, su nariz sangraba abundante, su alma había despegado, surcaba el espacio exterior en busca de un nuevo padre.




Fin


jueves, 16 de abril de 2015

Clip Girl

Rosanna, la madre de Samantha, se sienta frente al televisor, son las tres y media, su hija le ha pedido que esté atenta a lo que emitirán a continuación...

Tres notas se repiten, melodía introductoria de piano, se une el bajo y los dedos de las manos de una mujer joven se estiran, abriéndose como dos estrellas de mar, mostrando en primer plano sus uñas fucsias y brillantes, un instante antes de rodear con ambas manos la parte superior del volante.

A las tres notas se les añaden cuatro más, creando la melodía principal de la canción, al piano se le unen dos guitarras eléctricas, una de manera rítmica y la otra punteando las notas tónicas con agudeza, al bajo le acompaña ahora la batería, en crescendo, hasta llegar a ciento cuarenta revoluciones, en el mismo instante que la chica pone en marcha su coche descapotable y arranca, alcanzando los ciento cuarenta kilómetros hora.

Su violácea melena ondea como bandera del mundo de los vientos, al son de una fresca melodía pegadiza, con la marcha de mil caballos desbocados.

Un cambio en la melodía, más agitada y burlesca, una llamada a las caderas y traseros más traviesos y a los pies más veloces.

Los labios de la joven lucen negros y los rayos del sol los perfilan con alucinógenos destellos, su boca se abre y canta, sus palabras se inyectan en los oídos, dibujan el contorno de la música Pop que hace vibrar las llantas del descapotable color rosa pastel, tuneado con guindas en llamas y bananas en las puertas de amarillo metálico chillón, exageradamente provocativas, sus puntas están completamente bañadas en cremosa nata de un blanco espumoso deslumbrante.

La chica se levanta las gafas de sol en forma de medias lunas de rojo plastificado y las posa sobre su cabeza, canturrea el estribillo vocalizando sinuosamente sus palabras, explotando estas como pompas de chicle en sus mejillas espolvoreadas con brillantina y dorada purpurina.

"No me ladres hombre, siéntate, no muerdas la mano, que te da de comer" 

"No me ladres hombre, siéntate, no muerdas la mano, que te da de comer" 

En el asiento del copiloto un hombre musculado luce depilados pectorales y marcadas abdominales, una tableta de chocolate con collar de perro, en los asientos de atrás tres acompañantes con la misma indumentaria, slips verde aguacate y cintas de cuero adornadas con pinchos plateados alrededor de sus cuellos.

Mientras entona el lírico título del tema... "Clip Girl... I am a Clip Girl, you are my boy friend... I am your Clip Girl..." La protagonista del vídeo musical lanza galletitas en forma de hueso, de diversos colores y tonalidades vivas y acarameladas, a sus cuatro acompañantes del presuntuoso descapotable, marchando a toda velocidad desaparece en el horizonte, engullido por el crepuscular sol.

En la matrícula del vehículo, antes de desaparecer de la pantalla, leemos... "Lost soul"... Al mismo tiempo que la joven mujer de violácea cabellera pronuncia estas dos últimas palabras junto a las dos últimas notas de la melodía.

Un vórtice oscuro rodea la claridad de los ya casi imperceptibles rayos de luz, hasta cerrarse por completo y sumirlo todo en el negro, unas letras blancas se escriben en el centro, despidiendo el videoclip superficial y kitsch que pronto quedará en el olvido del público.

Rosanna felicita a su hija Samantha, sus labios ya no lucen negros, ni su cabellera es de color violeta, tras su aportación artística empieza un nuevo videoclip de tremendo éxito comercial...


                                                                                                    "The End"


lunes, 13 de abril de 2015

El Sentido de la Vida


- Está bien, creo que ya estoy preparado para saber la verdad.

- Sí, yo también lo creo.

- Entonces, dime... ¿Cual es el verdadero sentido de la vida?

- ¿Tu crees ser real?

- Sí, por supuesto.

- Ese es el sentido.

- ¿Que soy real?

- No. Que crees serlo.



Fin

sábado, 11 de abril de 2015

Ashanti

Las blanquecinas plantas de los pies de Ashanti pisaban la tierra caliente y árida de su poblado, las descoloridas palmas de sus manos reposaban flexionadas a ambos lados de sus pies, en cuclillas con una pierna avanzada, su rodilla izquierda apuntaba directamente hacia el cielo, donde resplandecía poderoso el astro rey, alcanzando con cada rayo de fuego y luz su cabello de rizos negros, estaba preparada como una atleta que espera el disparo para dar inicio la carrera, mas fue un silbido propiciado por ella misma, cántico de libertad en sus oídos lo que la hizo salir disparada hacia la lejanía. Corrió sin cesar y luego nadó a contracorriente del sistema que forjaba sus cadenas, presa a la fuga de la esclavitud. Desde África hasta América, desde la tierra de los sueños de vidrio quebrado hasta su alma creciente, allí encontró el verdadero infierno, un mundo corrupto y viperino se inyectaba en su melanina y en su interior el rencor se tornaba incontenible odio, alcanzó ser igual que las blancas manos que asesinaron a sus padres, resultó ser igual que sus hermanos, aquellos que sometieron a su pueblo en nombre de un dios inexistente, frente al espejo, Ashanti se tornó del color gris de la ceniza y allí se reconoció, murió y se transformó, renació como mujer, como hija y como madre, libre por fin de su pasado y del presente escrito en un papel efímero, la realidad era una sana respiración, seguida de una palpitación, un amor por todos y cada uno de los seres humanos que al igual que ella eran vida y nada más que eso.


viernes, 10 de abril de 2015

El Baile de los Esqueletos

El Búho anuncia el toque de queda para los vivos, es hora de que las perchas dejen atrás sus trajes de carne y salgan a bailar.

Las falanges pisotean un terraplén de cenizas, el viento agita el polvo gris que bailotea entre las costillas, silban las cuencas una aguda melodía.

Es de madrugada y el cementerio ha cerrado sus puertas, el vigilante duerme, a su lado una pequeña radio ambienta la oscuridad con una sombría pero amena sinfonía.

Los peronés se retuercen con la danza, proyectada por la claridad lunar, las vértebras traquetean las unas con las otras, como un xilófono de notas huecas resuenan con profundo eco en el lugar.

Los gatos son el público de las vísperas de los hombres sin piel, se relamen las patas y peinan sus bigotes, frotan sus lomos contra las nalgas de sus felinos compañeros, maúllan con entusiasmo ante el bravo espectáculo, la luz del satélite de plata es el foco perfecto, los personajes de marfil resplandecen.

Las temblorosas mandíbulas hacen castañetear sus dientes, las risas son chasquidos de muelas partidas, se desgastan sus cartílagos, pronto caerán rendidos.

La fosa común está en el centro de la laberíntica colmena de nichos, es allí donde se encuentra la pista de baile de los olvidados, quedan pocas flores marchitas, antiguos recuerdos para las almas que ya marcharon, el vigilante nocturno abre un ojo, en la emisora una voz grave comenta la tétrica partitura, le parece ver sombras en movimiento, enciende su linterna e inspecciona.

Los gatos corren a resguardarse de ese hombre que siempre los espanta con un infernal grito.

Los esqueletos regresan a sus agujeros y hacen el amor con el tiempo que se les antoja ajeno.

Con las caderas dislocadas y las muñecas agrietadas, los cráneos sueñan con la siguiente noche, cuando el cementerio cierre sus puertas y de madrugada el guardia duerma, con suerte sonará una sombría sinfonía y la luna se enfocará sobre los inquietos huesos, los gatos maullarán entusiasmados, presenciarán de nuevo, el baile de los esqueletos.


Fin

Micro Dedicatoria a...



jueves, 9 de abril de 2015

Tierra / Tras la Tierra, el Infierno

TIERRA

Lucía restaba inquieta al borde del precipicio, preguntándose si saltar le concedería la ansiada libertad o si por el contrario, quién saldría beneficiado sería su captor.

Las uñas desquebrajadas por las astillas, la sangre en las yemas de sus dedos, su cuerpo retorcido.

Una pausa antes de decidirse.

Había logrado salir con vida de la peor de las muertes, ¿Porque iba ahora a concluir así su logro?

Una figura oscura la observaba, se maravillaba ante la imagen de Lucía, saboreando la amarga tierra de su triunfo.

Ella se volteó, escupió barro en sus pies desnudos.

- Hoy no moriré hermano.

Corrió y abrazó a Samuel.

- Sé porque lo has hecho - dijo convencida-.

- Me entusiasma tu fuerza querida, tu empezaste este juego y no puede acabar así.

Se besaron lentamente, compartieron incestuosa saliva, paladares pintados con la ceniza de sus otros hermanos.

Samuel miró con inmenso orgullo a su hermana.

- Ellos también lograron escapar de su cautiverio y luego saltaron al vacío, solo quedamos tu y yo, el juego continuará cuando nazca nuestro tercer hijo.


Fin

TRAS LA TIERRA, EL INFIERNO 

El tercer hijo de Lucía y Samuel fue, para el pesar de sus incestuosos padres, el final del macabro juego, ya no había cautiverio y decisión de suicidio, ahora la muerte era el alimento del fruto de sus pasiones carnales, la leche visceral que daba sentido a la existencia de un ser que se transformaba con su apetito saciado, leche roja que resbalaba por sus labios, colmado de placer por arrancar una nueva alma.

Damián lucía, en recuerdo de su madre quebrada y su padre amputado, en una bella fotografía que observaba sus inertes cuerpos desde la mesita de noche, la mirada del pequeño diablo, un nuevo juego se iniciaba en esa casa de apellido maldito.

Un deleite infernal.


Fin





                                           


miércoles, 8 de abril de 2015

Pupilas Rojo Infierno

Necesitaba sentir aquello que despierta el alma de los que no logran conciliar el sueño, esperaba el instante en el que el grito, el llanto y la ansiedad hicieran mella en su cuerpo, el sufrimiento le era ajeno.

Los macabros juegos de infancia, en la imaginaria mansión, donde se perseguía a si misma, eran una inocente farsa que ya no la estimulaban lo suficiente.

Encerrada por voluntad propia en el desván, se había provisto de la caja de herramientas de su difunto padre, dio inicio el tratamiento, no podía concebir un día más sin experimentar dolor.

Los alicates, las sierras de hojas carcomidas por el tiempo y el trabajo de un carpintero del metal.

Casandra padecía insensibilidad congénita, todo lo que quería era dar sentido a su misera existencia, un alarido real, un momento visceral que impregnara su rutina con el éxtasis que provoca el enfrentamiento de un sistema nervioso vulnerable, en un mundo que se le antojaba plano e insustancial.

Cosió sus parpados y con un cutter agrietó ligeramente la fina piel que cubrían sus pupilas, pudo ver su rostro, por última vez, reflejado entre el oxido de un espejo antiguo, antes de caer sobre un mar rojo infierno, sin sentir absolutamente nada.


Fin

martes, 7 de abril de 2015

Caracol

Nadie sabe donde estoy, hasta que llueve, luego me buscan, a mí y a mis hermanos, nos dan caza, soy lento y llevo mi casa a cuestas, ese soy yo, una recurrente adivinanza, un rastro viscoso que aparece y desaparece como por arte de magia y es que a pesar de mi mencionada lentitud, ahora me ves aquí y ahora me ves allá, ¿Como he logrado subir hasta el borde de tu silla playera? Si hace un momento no estaba...

Esos críos que me tocan los ojos, les hace gracia que mis tentáculos se reduzcan como antenas de radio, la punta del dedo de un niño comparada con mis pequeñas retinas, es como aplastar un huevo de codorniz con una pelota de baloncesto, la rugosidad de sus yemas sobre mis frágiles ojos, es muy molesto, la verdad.

Soy hermafrodita y nos apareamos con penetración simultánea, ya os gustaría a muchos de vosotros poder hacer esto, es un placer inconmensurable y podemos y solemos estar una eternidad gozando del sexo, completamente enganchados por nuestra viscosidad, un deleite que jamas conoceréis.

¿Sabéis lo que es que te hiervan vivo? Y que luego te succionen, con salsa dicen, estamos tremendamente deliciosos, hay a quienes les damos asco, no nos comen, sin habernos probado, se echan atrás al vernos en el plato, a los que sí que nos comen, una cosa les deseo, que succionen con ímpetu y tras nuestros cuerpecitos hervidos... ¡Se traguen una buena mierda!

Mi caparazón es la espiral más hermosa de la tierra, los caracoles no tenemos abuela, de cientos de millones de formas y colores, no hay dos conchas de caracol idénticas, como las huellas dactilares de vuestros odiosos dedos, excepto el de algunos pocos, sí, hay humanos a los que les gusta que un caracol como yo, se les pasee por el cuerpo, gozan de nuestro tacto, de nuestra mucosidad, yo encantado te embadurno, no hace falta que compres crema de caracoles muertos enlatada, por un precio desorbitado, para rejuvenecer tu piel, es incluso más efectiva la de un caracol vivo qué, sin complejos, te vestiría con su viscosa mermelada amarillenta, totalmente gratis.

Ahora empieza a llover, olfateo tu jardín, pronto daré un paseo por ahí, vigila no me pises, no me des caza, ponme en tu brazo y deja que te bese, no podemos penetrarnos simultaneamente, pero podríamos pasar un buen rato.



Fin

viernes, 3 de abril de 2015

La Escritura es Telepatía

Estoy leyendo este texto. Mientras mis ojos y todo lo que hay tras ellos perciben las palabras y el sentido que alberga su unión, su puntuación y su significado. Comprendo que se trata de la prueba irrefutable de que la escritura es pura telepatía, leo lo que alguien ha escrito antes, más allá del tiempo y la distancia. El escritor teclea las letras creando oraciones y en este preciso instante yo las leo y se obra el milagro, pasan directamente de su mente a la mía. ¿Que escribirá ahora el escritor? La respuesta es sencilla, el escritor escribe lo que ahora yo leo. De esta manera, la información escrita pasa de su mente a la mía, excluyendo totalmente la distancia y el tiempo.



Texto inspirado en la definición que da Stephen King a la escritura, en su libro: Mientras Escribo.

miércoles, 1 de abril de 2015

Blasfemia

El agente en prácticas A. Freeman debía resolver su tercer y último caso para recibir su placa de detective de homicidios y poder ejercer como tal.

En aquellos tiempos, la inteligencia artificial y las sombras de la red, hackers de la D.F "División Fantasma", hacían que el sistema que sostenía el mundo pendiera de un hilo, paradojicamente, inalámbrico.

Año, 2.666 D.C.

Freeman aplicando el protocolo D.37, cerró los ojos, activó el dispositivo Capsule Corporation de desplazamiento temporal y esperó unos pocos segundos. Abrió los ojos y averiguó al instante su ubicación, restaba inmóvil ante la víctima, aún con vida, el primer testigo de su examen final.

Un hombre desnudo, con graves heridas en los costados, provocadas por un arma blanca de larga y afilada hoja (Freeman tomaba nota mentalmente, antes de dar inicio al  interrogatorio), herida mortal en el costado derecho, provocada por una gran flecha o lanza, corona de espinas, manos y pies clavados a una enorme cruz de madera, anclada en la tierra, a la víctima no deben quedarle más que unos pocos minutos de vida.

- ¿Como se llama usted ? - Preguntó el agente en prácticas a aquella agonizante figura - .

- Soy Jesús, Jesús de Nazaret. - Masculló aquel pobre hombre moribundo- .

- ¿Quien le ha hecho esto, señor?

- Mi propio padre.

En aquellos tres días que tenía Freeman como tiempo límite para resolver aquel homicidio, no descansó un solo instante, indagó en el poblado en el que se encontraba, tomó declaración a los que descubrió como allegados a Jesús, que por aquel entonces ya había muerto por aquel siniestro castigo, averiguó quien dio la orden de crucificarlo y quienes lo condujeron a aquel cruel destino, charló con sus discípulos, sabía donde se encontraba y a quien debía preguntar, habló con Pedro y con Judas, este último confesó por unas miseras monedas de oro que, el detective a prueba, consiguió con deficiente astucia.

El tiempo límite llegó a su fin.

A. Freeman, crucificado al lado de Jesús, miró a este y le dijo:

- No ha sido tu padre, han sido Judas y los Romanos.

Cristo resucitado le respondió.

- No importa, les perdono, les perdono a todos.

Freeman arrancó su mano derecha del clavo, provocándose una horrible herida, lucía un boquete del tamaño de una amapola, se desangraría o se desmayaría en unos pocos minutos.

Vomitó la cápsula de regreso en la palma de su mano agujereada, cerró los ojos y apretó el dispositivo, esperó unos pocos segundos y abrió de nuevo sus párpados.

Tras el rojo, el amarillo y el blanco. Su visión se acostumbró a la luz de la habitación en la que se hallaba.

- Ángel, - le comunicó el superintendente D' Ábel- aquí tiene su merecida placa.



Fin